Miazzo: «El programa antiinflacionario está necesitando un relanzamiento»

El economista riocuartense David Miazzo analizó en EntreLíneas el escenario que la guerra en Medio Oriente le propone a la Argentina en materia económica. Antes de su paso por ExpoAgro, el titular de la consultora Data Miazzo remarcó que «una vez que en Argentina las cuestiones económicas estaban algo tranquilas, vino Trump y nos revolucionó todo, principalmente por el lado del precio del petróleo y los combustibles. Y agreguemos también los fertilizantes, especialmente la urea, porque entre el 30% y 35% del comercio mundial de urea sale del Golfo Pérsico. Irán es el tercer exportador mundial, Qatar es el segundo, Oman es el quinto y Arabia Saudita, el sexto. Todos alrededor del estrecho de Ormuz», explicó el especialista.

Sin embargo, Miazzo indicó que «por suerte a la Argentina la agarra un poquito lejos de la demanda; la más inmediata será para el período julio-septiembre que es donde se debe fertilizar el trigo. Luego, en octubre-diciembre, para la gruesa».

Consultado sobre las oportunidades económicas que la guerra le brinda el país, Miazzo destacó que «puede resultar antipático hacer un análisis de oportunidades que puede brindar la guerra a la Argentina, pero en términos económicos lo primero es que el país es un exportador neto de energía. Si sube el precio de la energía, eso le trae un beneficio a pesar del aumento de costos en distintos puntos de la economía interna. A eso le sumaría una mención más geopolítica y es que Argentina, al estar lejos de estos escenarios de guerra, sus cadenas de suministro dan tranquilidad a cada comprador de productos argentinos, y eso es importante. Podemos tener problemas políticos, altos impuestos, déficits de infraestructura para sacar la producción, pero son todas cosas salvables frente al riesgo de una guerra cercana».

Sobre el efecto inflacionario local, que ya se descuenta en el mundo entero, Miazzo indicó que «el programa antiinflacionario estaba necesitando una suerte de relanzamiento que ayude a reforzar las expectativas ante la persistencia de la inflación a estos niveles de 2,8% o 2,9% que viene dando. La guerra le suma un condimento importante por la vía del petróleo y los combustibles».

Finalmente, el economista analizó los motivos por los que la inflación sigue resistiendo entre el 2,5% y el 3% y no logra quebrar ese piso: «La resistencia de la inflación tiene dos factores. El primero es el efecto con rezago de la devaluación del año pasado, cuando el dólar pasó de $1.000 a $1.400. Esa suba en pocos meses tuvo un bajo paso a precios que incluso se festejó en el Gobierno, pero que en realidad terminó de llegar a las góndolas después de aquella tormenta cambiaria. Y después está lo que se llama la inercia inflacionaria, porque hay muchos precios de la economía que no se fijan mirando lo que viene, sino por lo que pasó: paritarias, alquileres, fletes, servicios. Son los dos factores centrales que incidieron porque hoy estamos en un momento de estabilidad cambiaria, apretón monetario y superávit fiscal. Pero en general estábamos en un momento tranquilo de la inflación de costos, salvo el tema carne que se recortó durante el verano y el petróleo ahora, producto de la guerra. De todos modos, para este año las expectativas inflacionarias se mantienen en torno al 25 o 27 por ciento».