Una gira que deja sentadas las bases de una institucionalidad necesaria y urgente
La gira por los Estados Unidos del presidente de la Nación, Javier Milei, con parte de su equipo de gestión, 11 gobernadores y empresarios argentinos mostró, al menos durante unos días, que es posible la convivencia, la construcción y el trabajo en conjunto más allá de las diferencias políticas o ideológicas.
Pero no sólo es posible, sino que además es necesario y urgente continuar por este camino para evitar los recurrentes fracasos del pasado. Es imposible que el país logre sortear las severas dificultades que acarrea de décadas si no hay un punto de comunión entre los diferentes actores de la política, la producción y el trabajo.
Y esa foto del Presidente junto a gobernadores del PRO, la UCR, el PJ y de fuerzas provinciales se observó como una bocanada de oxígeno: todos juntos para mostrar el enorme potencia que tiene la Argentina en sus distintas regiones. Coincidieron mandatarios de provincias mineras, hidrocarburíferas, agropecuarias, más o menos industrializadas, pero con un norte común: atraer las inversiones que el país necesita para seguir su camino de recuperación, de desarrollo tecnológico, que lo vuelva a colocar sobre los rieles del crecimiento.
Es muy difícil que alguien del extranjero decida traer recursos a la Argentina si el clima de discordia no logra romperse a la hora de trazar un horizonte. No es posible que no haya ningún tipo de coincidencias entre las fuerzas políticas adversarias. Y esos puntos en común, en algún momento deben prevalecer si es que hay un verdadero interés por devolverle al país el lugar que alguna vez supo tener en el concierto de naciones.
La Argentina Week resultó, de esta manera, una muestra de lo que es posible. Además, del otro lado se concentraron gran cantidad de empresarios y representantes de empresas interesadas en conocer más sobre lo que ocurre en el país. Pudieron intercambiar de primera mano con la primera línea de gestión que tiene hoy la Argentina. Y eso no es menor.
Argentina no es el primero en realizar este tipo de rondas en Nueva York. De hecho, otros países, incluso de la región como Brasil, lo tienen como una práctica habitual. Por eso es importante haber dado el paso, para no seguir perdiendo terreno, esta vez en una de las vidrieras más relevantes que tiene el mundo.
Además, en un contexto mundial convulsionado, no es un valor menos que la Argentina es una tierra de paz, un activo que tal vez en otros momentos podía pasar por alto. Hoy también pesa en la balanza, y debe ser incorporado en la oferta junto con su enorme potencial de recursos naturales y humanos.
En ese concierto, el sector agropecuario tiene mucho para crecer y desarrollarse, pero además para seguir integrando cadenas de valor. Son millones de toneladas de granos que cada año se cargan en los puertos y que bien podrían ser materia prima de procesos industriales nuevos o para ampliar otros existentes. También para seguir expandiendo las múltiples cadenas cárnicas que ofrece la Argentina tiene un promisorio futuro, con alta demanda mundial.
Pero eso será posible si por encima de intereses mezquinos se empiezan a sostener estrategias de largo plazo que logren trascender gobiernos. Eso requiere de acuerdos básicos que los argentinos esperan desde hace décadas de su clase dirigente. Y allí, entonces, es que se vuelve relevante el paso dado esta semana. Porque además crea una imagen de racionalidad de la clase política en el exterior, que ahora es tiempo de materializarla.




