¿Qué se espera en materia de inflación para 2026?
Mientras aún resta cerrar el valor inflacionario de 2025 con el resultado de diciembre que el Indec dará a conocer este martes, ya comenzaron las proyecciones sobre 2026 y hay amplia coincidencia que el valor final será menor al del año pasado, confirmando el proceso de desinflación. La duda recae sobre cuánto será ese recorte respecto a los 12 meses previos, que finalmente terminarán sumando alrededor del 31%.
En ese contexto, la Fundación Mediterránea trazó una perspectiva en la que destaca que, según el programa monetario, la emisión de pesos acompañará la demanda de dinero, canalizándose principalmente mediante la compra de divisas. Anualmente, el BCRA dispone de un margen de emisión para satisfacer el incremento de la base monetaria necesario para mantener constante la relación Base/PIB. A esto se suman dos factores adicionales: primero, la expectativa de una reversión, al menos parcial en el corto plazo, de la dolarización de carteras observada antes de las elecciones de octubre pasado. Aunque gradual, este proceso genera espacio para que se incremente la demanda de pesos. Segundo, el crecimiento del PIB nominal impulsa la demanda transaccional, permitiendo al Banco Central adquirir reservas mediante una emisión que, al estar respaldada por la demanda, no resulta inflacionaria.

«Mención aparte merece la política de encajes, uno de los componentes de la demanda de base. Al analizar la composición de la base monetaria, se observa que los encajes (cuentas corrientes en el BCRA) alcanzaron a fines de 2025 niveles similares al promedio del período 2012-2020. En contraste, el circulante (billetes y monedas en poder del público y en entidades financieras) es el que ha mostrado una disminución considerable en términos relativos», explicó el economista Maximiliano Gutiérrez, responsable sección Monetaria-Cambiaria, del Ieral de la Fundación Mediterránea.
En comunicaciones recientes, el Banco Central ratificó que continuará con la normalización gradual del actual esquema de encajes. «Los datos parecieran sugerir que los encajes en efectivo no estuvieran elevados, al menos en relación a los niveles históricos, de modo que el ajuste pendiente recaería sobre los encajes integrables con títulos, retomando la tendencia de reducción interrumpida a mediados del año pasado. Además, persisten desafíos operativos significativos. Bajo el esquema actual de agregados, la tasa de interés de corto plazo es inherentemente volátil. Esta volatilidad se ve potenciada por un sistema de integración diaria que, al carecer de una ventanilla de liquidez, obliga a las entidades a presionar sobre las tasas ante cambios marginales en la composición de sus depósitos», indica el especialista del Ieral.
De acuerdo al informe y efectuando algunos supuestos básicos sobre el comportamiento de los diversos factores que constituyen fuentes de emisión monetaria y posibles senderos de evolución de la demanda de pesos, es posible proyectar tres escenarios para la inflación esperada para el 2026 y la cantidad máxima de reservas que el Banco Central podría comprar.
En cuanto a los cálculos, Gutiérrez indica que el «escenario base de remonetización proyecta un incremento de 0,6 puntos porcentuales en la relación Base Monetaria/PIB, en línea con la meta comunicada por la autoridad monetaria. Bajo este supuesto, la base monetaria se expandiría del 4,4% actual al 5% del PIB para diciembre de 2026. Este incremento en la demanda de pesos le permitiría al Banco Central acumular reservas por aproximadamente US$ 6.500 millones e implicaría una inflación interanual hacia diciembre de 2026 en torno al 23%».
Por su parte, en un escenario optimista, donde la demanda de dinero supere las expectativas iniciales hasta alcanzar el 5,4% del PIB (lo que se traduce en una suba de 1 punto respecto al guarismo de fines de 2025), la inflación punta converge hacia el 18% o 19% anual. En este escenario el Central cuenta con un margen mayor para comprar reservas y podría adquirir aproximadamente US$ 9.500 millones.
En cualquiera de las variantes antes mencionadas, la inflación de este año se estima que será menor a la de 2025 y sustancialmente inferior a la de los años precedentes, consolidando el proceso de desinflación.
Por el contrario, en un escenario pesimista donde la demanda de base monetaria tan solo crezca 0,3 puntos del PIB, la inflación se mantendría en niveles cercanos al 30% anual, con un Central con capacidad para adquirir alrededor de US$ 4.500 mil millones. Este guarismo subraya la premisa antes mencionada: para sostener el sendero de desinflación, nuestra autoridad monetaria deberá calibrar sus intervenciones, ya sea ralentizando el ritmo de acumulación de reservas o recurriendo a mecanismos de esterilización para absorber cualquier exceso de oferta de pesos.
A modo de comentario final, Gutiérrez remarca que en este contexto, y a la espera de novedades en materia de reformas estructurales, «los agentes económicos continúan recalibrando sus expectativas de cara al segundo tramo del mandato de Milei. Si bien el ajuste en las bandas cambiarias acaparó la atención inicial, el mercado mantiene el foco en tres ejes críticos: la ejecución del programa de acumulación de reservas bajo el nuevo esquema cambiario, el proceso de remonetización de la economía y el cronograma para el levantamiento definitivo de las restricciones cambiarias restantes. Las noticias que surjan en estos frentes, junto con la evolución de los frentes político y fiscal, será lo que termine de moldear las principales variables económicas en los próximos meses».





