Escucha y equilibrio para no profundizar las dificultades
Una base más inestable es la condición para que cualquier empuje termine por mover más la estructura. Y en los últimos meses, el Gobierno claramente no mostró la misma solidez que ostentaba hasta el primer tramo del año, lo que luego empezó a solaparse con una incipiente carrera electoral que hoy ya está con elevada intensidad. Y nuevamente el país transita momentos de tensión que sin dudas algunos promueven y hasta celebran. Pero hay responsabilidad en esos sectores y también la hay en el Gobierno, que mientras el viento soplaba a favor se encargó de meter en una bolas a muchos que no tenían demasiadas coincidencias entre sí. La dificultad de esa conducta es cuando el contexto cambia y se hace necesario sumar voluntades y aliados para garantizar el rumbo de las políticas iniciadas. En ese punto estamos, con un contexto económico con renovadas dificultades y los puentes políticos rotos, mientras algunos intentan cavar nuevas trincheras. La tensión ya avanzó demasiado en las últimas semanas y la elección de octubre ahora aparece lejos, a casi 40 días.
Es imperioso que la clase política en su conjunto detenga esta dinámica para evitar mayores costos, especialmente para los sectores más vulnerables, que es la primera línea de impacto. El “cuanto peor, mejor” que siempre pregonaron algunos sectores generó severos daños sociales de los cuales aún estamos lejos de superar. Especialmente porque los agentes económicos no fluyen en escenarios de incertidumbre. Hay un efecto contagio en el que el temor produce parálisis, lo que profundiza los problemas. Hasta pasado el primer trimestre del año la economía había comenzado a moverse, a transitar, no sin dificultades, pero sí de la mano de mayor confianza. Sólo largos períodos en ese clima permitirán que la salida al descalabro económico que dejó el Gobierno anterior vaya quedando atrás. Pero se volvió a retroceder y hay quienes ven en eso una nueva posibilidad.
Rápidamente hay que quitar esa lógica del juego político argentino. No es posible que ante cada elección el planteo de las fuerzas políticas haga foco en lo malo del resto. Esa es una lógica de la decadencia.
Es imperioso que cada actor se esfuerce por ser mejor que el resto y comenzar a discutir sobre virtudes y no sobre pasados desastrosos; sino el país va a seguir dando vueltas sobre el mismo círculo vicioso que lo trajo hasta acá.
Tal vez en la última exposición de la Sociedad Rural de Río Cuarto hubo hechos y gestos que dejaron enseñanzas. La importante presencia de fuerzas políticas, atraídas por un evento de trascendencia en un marco electoral podría hacer pensar que el sector productivo es de interés. Sin embargo, no es la primera vez que se observan visitas relevantes de quienes después ocuparon cargos de trascendencia, sin que eso tenga traducción en resultados positivos.
También fue notorio que hubo, por parte de los visitantes, más interés en hablar que en escuchar. Por fuera de la política hay un deseo ferviente de ser escuchados, por diversos sectores y motivos. Pero quedan dudas de que eso sea por ahora captado e interpretado. Sería bueno seguramente potenciar la escucha porque es el primer paso para entender a los demás. Esa pose de ciertos actores políticos alimenta el defecto de permanecer ensimismados, siempre creyendo que conocen suficiente.
Es en este contexto en que modificar esa actitud resulta impostergable para todos. Intentar escuchar para entender al otro debería ser un pilar fundamental de quienes tienen como tarea desarrollar acciones para mejorarle la vida a la gente. De lo contrario, la salida se alejará.




