Carne a EE.UU.: una gran oportunidad para demostrar que el país aprendió la lección
La reciente confirmación por parte del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, de que quintuplicará la importación de carne argentina viene a materializar un anuncio que se conoció semanas atrás de parte del mismo mandatario y a abrir una oportunidad clave para la cadena ganadera nacional.
Exportar a Estados Unidos no es sólo exportar a Estados Unidos. El hecho tiene una dimensión real y concreta, pero además conlleva un fuerte peso simbólico. Hablamos de un país que es fuertemente ganadero, pero que busca con el mayor ingreso de carne argentina bajar precios internos de los cortes. Eso refleja el alto grado de eficiencia de los productores argentinos que los vuelve competitivos al otro lado del continente.
Además, incrementar fuertemente la colocación de un producto como la carne argentina en ese mercado puede significar también la réplica en otros países, al tiempo que diversifica destinos y tipos de exportación. Estados Unidos no es China ni tampoco la Unión Europea en materia de cortes vacunos.
Argentina necesita de esos mercados en expansión para traccionar una cadena de fuerte raigambre federal y que además moviliza a muchos otros sectores en cientos de pueblos del interior. Tener más oportunidades en el mundo mientras se sostiene el mercado interno es sinónimo de crecimiento, inversión y desarrollo. Pero el esquema debe perdurar en el tiempo. De nada sirven oportunidades esporádicas para una actividad que vive del largo plazo y que tiene un ciclo productivo de casi 3 años.
Este debe ser el piso a sostener a partir de ahora para apostar por un crecimiento sustentable. La Argentina necesita de gobiernos que sostengan políticas más allá de sus inclinaciones ideológicas. Ocurre con premisas centrales en Brasil, Chile, Uruguay o Paraguay, para tomar ejemplos limítrofes. Tuvieron gobiernos de signos enfrentados, pero hay decisiones troncales que no se alteran, más allá de las inclinaciones propias de cada gestión.
En Argentina pasa lo opuesto y termina siempre en un juego de suma cero. Se avanzan dos pasos hacia el norte y el próximo Gobierno decide caminar hacia el sur. El estancamiento en muchos aspectos no es casual; no sólo en el productivo. Por estas horas se discute con fuerza el mercado laboral, que no logra un crecimiento de puestos formales desde hace una década y media. En ganadería, el país tiene menos cabezas que hace unas décadas atrás fruto de idas y vueltas que terminaron desalentando la producción. Llegando incluso a cerrar las exportaciones “para cuidar la mesa de los argentinos” en un país que necesita potenciar sus principales cadenas productivas y venderle cada vez más al mundo. Hubo quienes no lo entendieron, y todavía no lo entienden.
Por eso no es menor haber llegado a este estado de situación. Y más allá de que la ganadería no tiene todo resuelto ni mucho menos, sí es evidente que hoy tiene otra realidad y otro horizonte. Lo que no puede ocurrir es intentar volver a viejas y fracasadas recetas. Es necesario confirmar que se aprendió la lección luego de tantos traspiés evitables, que dejaron anclada a la Argentina en el pasado mientras los demás países avanzaron y aprovecharon el espacio vacío.
La oportunidad de abastecer con una cuota de carne cuatro veces más grande a los Estados Unidos, sumado al acuerdo con la Unión Europea -pendiente de ampliarse- y los ya maduros mercados asiáticos, son plataformas que pueden volver a poner a la ganadería argentina de cara al futuro.




