La importancia de garantizar cambios virtuosos y ahuyentar falsos fantasmas

El Congreso se convirtió en epicentro de la política nacional en el comienzo de este 2026, y es de por sí una gran noticia. Es el lugar propicio para discutir e intentar construir normativas que trasciendan los gobiernos y permitan darle a los argentinos la previsibilidad que necesitan.
El país tiene un cúmulo de problemáticas profundas por tratar y resolver cuanto antes, fruto de décadas de desajustes y desatención. En un mundo que acelera cada vez más, especialmente de la mano de la tecnología, el acompañamiento del plexo normativo debe ser casi una rutina. Mantenerse estático en un contexto de permanente cambio es sinónimo de retroceso. Es la receta para quedar alejado de la innovación, de la vanguardia, del desarrollo. Es lo que le viene pasando a la Argentina en estas décadas, que fueron dominadas por una mirada romántica hacia el pasado, incluso con anhelos de volver a contextos anteriores, y no por proyecciones de futuro. En definitiva, muchos actores trabajaron por regresar a un pasado que ya no existe mientras el mundo contruye futuro a diario. Por eso es hora de empezar a caminar hacia adelante para intentar recortar el terreno perdido.
Ese contexto es el trasfondo de buena parte de los debates públicos de hoy en el país. Entre quienes quieren permanecer anclados en el pasado y quienes pretenden sumarse al futuro. Por supuesto que ninguno de los dos grupos es homogéneo y naturalmente hay oportunidades de conexión y construcción entre sectores.
Puntualmente el de la reforma laboral, que es un capítulo del que muchos gobiernos hablaron pero no pudieron abordar, es un capítulo pendiente. No es posible continuar hoy sin actualizar y modificar esquemas de más de 70 años. Casi nada funciona como lo hacía cuando ese marco laboral de base fue puesto en vigencia.
A partir de allí, se sabe, hay sectores que pretenden continuar en el status quo, aun cuando la evidencia alrededor muestra que el costo es demasiado elevado. El mercado laboral tiene muestras claras de la necesidad de cambio. Puede resultar una obviedad, pero las modificaciones y actualizaciones de la normativa no van, por sí solas, a generar empleo, pero van a dar condiciones necesarias para alentarlo. La generación de empleo tiene su raíz más profunda en el contexto económico, de crecimiento, de mejora en la demanda. Pero cuando esos ciclos ocurren, la vieja normativa laboral claramente desalienta la creación de nuvos puestos. Es ahí donde se hace clave contar ya con una actualización que brinde previsibilidad a quien crea empleo y también a quien accede al mercado laboral, que lo debe hacer en un marco de legalidad y formalidad.
En ese sentido, el proyecto que sigue en tratamiento en el Congreso aporta avances de relevancia y avanza en la dirección correcta, aún con las discusiones abiertas en los últimos días. En el caso de las licencias por enfermedad es imperioso agudizar la normativa para que permita desarticular excesos y garantizar derechos. Para eso los legisladores deben trabajar con determinación y esfuerzo. No es una solución de largo plazo eliminar un artículo que ponía sobre la mesa, sin ninguna precisión, una problemática que también resulta evidente en el día a día de las empresas. Allí faltó trabajo para salir del blanco o negro. Incluso de quienes, con argumentos valederos, cuestionaron la redacción del artículo 44. Hay momentos en los que es imperioso salirse de las zonas de confort y debatir para garantizar cambios virtuosos que mejoren una realidad que no puede esperar.