La morosidad en las familias, en su máximo desde la convertibilidad

El crédito a las familias moderó la caída del consumo en 2024 y 2025, funcionando como un
ingreso complementario. En 2026, sin embargo, producto del aumento de la irregularidad de
cartera del sistema (que se ubica en 13% para el total del sistema: 8,8% en entidades financieras
y 24,6% en entidades no financieras) podría profundizar su caída: las eventuales recuperaciones
del poder adquisitivo no irán solo a incrementar la demanda interna, sino también a repagar
deudas viejas. Es parte de las observaciones centrales de un trabajo realizado por la Gerencia de Estudios Económicos del Banco Provincia de Buenos Aires sobre el comportamiento de las carteras de deudores bancarias y no bancarias.

En la actualidad, más de 1 de cada 2 adultos tienen algún tipo de financiamiento, ya sea de
entidades bancarias o extra bancarias: las 20,5 millones de personas endeudadas -con bancos,
pero también con fintech, plataformas digitales, tarjetas de supermercados y otros- representan
un avance de 8% respecto del cierre de 2024. La dinámica entre canales de crédito fue
heterogénea: en tanto que las personas solo endeudadas con entidades financieras se redujeron
4% (-0,4 millones de personas), las que solo le deben a entidades no financieras treparon 18%
(+0,7 millones de personas). Por su parte, los adultos que le deben tanto a entidades financieras
no financieras saltaron 29% en el último año (+1,6 millones de personas). Así, casi dos millones
de personas que no habían tenido financiamiento en 2024 lo necesitaron en 2025.

La irregularidad de cartera tiene un perfil regresivo, afectando más a los que menos tienen.
Mientras que 1 de cada 5 créditos menores a 1 millón de pesos, que representan casi la mitad de
los préstamos otorgados, pero representan menos del 5% del total de la cartera, están en
situación irregular, “solo” 1 de cada 10 créditos mayores a 10 millones de pesos presenta un atraso
mayor a dos meses en sus repagos. Como resultado, 1 de cada 4 personas endeudadas tiene
algún tipo de problema para cancelar su crédito, más que duplicando al porcentaje medido en
términos de cartera.

De cara a 2026, la sostenibilidad del crédito como motor de actividad dependerá
fundamentalmente de la recuperación del salario real y la trayectoria de las tasas de interés. Con
una base de deudores más amplia, mayor carga financiera y niveles de mora elevados, el margen
para repetir una estrategia de crecimiento apoyada en la expansión del endeudamiento luce
considerablemente más acotado. El crédito fue en 2025 un amortiguador del ajuste en la
actividad; sin embargo, en 2026, su capacidad de seguir cumpliendo ese rol será -de no mediar
un cambio en los ingresos- necesariamente más limitado