Un año de importantes avances al que le faltó mayor previsibilidad

El 2025, para el agro, termina sin dudas con un balance positivo en términos generales. Rápidamente hay que hacer las salvedades de algunas regiones que padecieron severos impactos climáticos, como la cuenca oeste de la provincia de Buenos Aires, que aún padece los efectos de las inundaciones; o zonas que tuvieron episodios de sequía. Pero en términos amplios, enero amenazaba con una falta de lluvias extendida que afectaba tanto a la campaña gruesa en marcha como a la ganadería en muchas regiones. A su vez, la política fiscal mantenía un férreo esquema de retenciones del 33% para la soja y del 12% para el maíz y el trigo. Era un comienzo de año difícil.
Pero ya en la segunda quincena de enero comenzaron a llegar otras novedades: las lluvias empezaron a regularizarse y con eso los cultivos reaccionaron favorablemente para teminar redondeando un ciclo positivo en volumen.
Y antes que termine ese primer mes, el Gobierno anunciaba una baja temporaria de retenciones que llegaría hasta el último día de junio. Con la campaña en marcha y una mejora en los cultivos, la noticia también fue relevante. De todos modos, al ser temporal generó -como siempre ocurre con medidas de esas características- distorsiones evidentes en los mercados.
En ese momento, las alícuotas tuvieron un recorte en soja del 33% al 26%, subproductos de soja del 31% al 24,5%, maíz, trigo, cebada y sorgo del 12% al 9,5%, girasol del 7,5% al 5,5%. El primero de julio, eso dio marcha atrás y el Gobierno argumentó que cumplía con la palabra, ya que así lo había dispuesto desde un comienzo, más allá de los cuestionamientos que recibió por entonces.
A los pocos días, en la exposición de Palermo, fue el propio presidente Javier Milei quien anunció que las retenciones volvían a los niveles del primer semestre, pero que esta vez lo hacían de manera permanente; con una novedad: incluyó también a la carne aviar y vacuna que bajaban del 6,75% al 5%. Era el cuarto esquema de retenciones dispuesto desde el Gobierno en apenas seis meses. Más allá de la mejora en la baja impositiva que implicaba finalmente la decisión, las idas y vueltas también son una dificultad adicional para los productores que finalmente no supieron nunca cuándo era el mejor momento para vender y muchos sintieron que finalmente perdieron dinero con su cosecha.
Pero todavía quedaba más. Cuando asomaba la primavera, nuevamente hubo un anuncio referido a los Derechos de Exportación: esta vez, se suspendían las retenciones a las exportaciones de granos y carnes. Era hasta el 31 de octubre o hasta completar el cupo de los US$ 7.000 millones en las Declaraciones Juradas de ventas al Exterior (DJVE). En un puñado de días se completó la segunda condición y entonces la medida volvió hacia atrás; lo que nuevamente generó polémica.
Finalmente llegó el anuncio de este mes, de reducir de manera definitiva las retenciones a los granos: la soja pasó de 26% a 24%; los subproductos de soja, de 24,5% a 22,5%; trigo y cebada, de 9,5% a 7,5%; maíz y sorgo, de 9,5% a 8,5%; y girasol, de 5,5% a 4,5%. Esto representa las alícuotas más bajas para soja en 19 años.
Sin dudas que el final es más favorable que el comienzo en materia de presión tributaria. Pero es imperioso mejorar en previsibilidad para evitar un camino tan sinuoso como el de 2025.
Por último, en materia ganadera el año cerrará como uno de los mejores de los últimos tiempos, con valores firmes y un resultado alentador que además luce con un componente de sustentabilidad importante, con buen panorama exportador y un consumo que se sostiene.