¿Cambio?
Por Marcos Jure
Fue un cambio de gabinete largamente anunciado. Desde hacía meses se venía rumoreando en el gobierno que el intendente Guillermo De Rivas iba a reorganizar su equipo de gobierno. Esas versiones se intensificaron cuando Juan José Osés, ahora devenido en libertario, dio un portazo y abandonó la conducción del Emos con críticas a la gestión municipal. Esa renuncia se produjo el 9 de diciembre del año pasado y, desde entonces, ese casillero quedó vacío. La necesidad de cubrirlo motivó especulaciones; De Rivas aprovechó la oportunidad no sólo para reemplazar a Osés sino para hacer un reajuste de mayor alcance.
El intendente se tomó tanto tiempo que generó la expectativa de un cambio profundo, de raíz en su gabinete. Sin embargo, lo que ocurrió fue más una reorganización de roles que una introducción de nuevos actores y nuevas visiones.
Habitualmente, un cambio de gabinete se produce por dos factores. Uno es interno: cuando, en el plano municipal, el intendente no está conforme con los resultados, cuando entiende que su equipo de gobierno no está funcionando adecuadamente. Otro factor puede ser externo: cuando necesita enviar una señal de que está atento a los reclamos de la sociedad.
En este caso específico, en el anuncio de De Rivas se expresa que en la decisión final pesó más el segundo factor que el primero. El intendente parece haber concluido que era primordial enviar el mensaje de que entiende que la exigencia principal hoy a la política es que se ajuste, que se achique, que gaste menos. Por eso, el protagonismo del anuncio se lo llevó la reducción del 30 por ciento de los cargos políticos.
En el plano funcional, el cambio es de una escala significativamente menor porque el núcleo del gobierno se mantiene inalterado. Pablo Antonetti sigue conduciendo Economía; Karin Bogni, de extrema confianza de De Rivas, continúa en Gestión; Roberto Koch mantiene el manejo de la política y Martín Cantoro conserva la estratégica secretaría de Obras y Servicios Públicos. El corazón de la gestión no sufrió ninguna alteración. A esa estructura hay que agregar Prevención y Convivencia Ciudadana, que ya no tendrá a Gastón Maldonado como secretario sino al excomisario Rafael Filippa. En ese punto, esa área que tenía no sólo un perfil técnico sino además político, pierde su segundo componente. Nadie espera que Filippa haga política. Esa modificación se condice con la pérdida de peso relativo que ha tenido la seguridad dentro del modelo de gobierno de De Rivas: arrancó siendo uno de los caballitos de batalla pero, con el tiempo y el costo que implica hacerse cargo de los delitos, esa primera característica se fue diluyendo.
Es verdad que algunos funcionarios dejan de ser secretarios para pasar a ser subsecretarios pero, por ahora, no abandonan el gabinete ni las áreas en sí desaparecen del organigrama.
De la arquitectura de la reestructuración puede concluirse, por lo tanto, que el intendente entiende que, en el fondo, su equipo de gobierno no venía funcionando defectuosamente. En líneas generales, a juzgar por el armado final, De Rivas transmite que los resultados se adecuaron a sus pretensiones. De lo contrario, hubiera aplicado algún cambio en el núcleo funcional de la gestión.
Con el nuevo esquema, lo que además está reflejando el intendente son las prioridades que tendrá de ahora en más: las áreas que fueron degradadas en el organigrama también lo serán a la hora de la adjudicación de presupuestos. El equipo casi no cambia pero varias dependencias van a ser menos de lo que venían siendo.
La pregunta que surge ahora es si la nueva configuración de las piezas del gabinete podrá generar algún cambio perceptible en el resultado de la gestión, si aparecerán nuevas iniciativas, visiones novedosas o una dinámica diferente. Si fuera por los nombres la respuesta parecería ser negativa pero la conclusión final sólo podrá obtenerse con el paso del tiempo.
A casi dos años de iniciar su gestión, De Rivas concluyó que no era necesario un relanzamiento de su gobierno, que suele ser un movimiento más abarcativo y ambicioso, sino solamente un reajuste, un reacomodamiento de piezas que ya estaban en juego. Es una respuesta a un reclamo de la gente, que exige que sus dirigentes se ajusten a la vez que les pide resultados en la gestión.





