Más pan que frutas: la mayoría de los hogares argentinos tiene una dieta desequilibrada

Según un estudio del Instituto de Estadísticas y Tendencias Sociales y Económicas (IETSE), la mayoría de los hogares argentinos consume una dieta que se aleja significativamente de las recomendaciones nutricionales del Indec. La investigación, basada en 3.750 encuestas nacionales, revela un patrón alimentario marcado por la sustitución forzada, el exceso de harinas y azúcares, y el déficit de proteínas y micronutrientes esenciales.

El informe muestra que los hogares priorizan alimentos de bajo costo y alto rendimiento calórico, en detrimento de los productos frescos y balanceados:

  • El pan francés y los fideos secos superan en hasta un 29% el consumo recomendado, mientras que frutas como manzana, banana y pera caen más del 60%.
  • La papa representa el 50% del total de frutas y verduras ingeridas.
  • El azúcar y sus derivados ocupan el 30% del rubro “otros alimentos”, con un consumo 45% superior al ideal.
  • Los huevos aumentaron un 51% como fuente accesible de proteínas, mientras que los lácteos presentan déficits de hasta el 59%.

«La mesa de los hogares argentinos se ha ido ”nivelando hacia abajo,” menos nutrientes y más carbohidratos; afectando el normal desarrollo de la infancia y la adolescencia. La notable caída del poder de compra, convierte a la alimentación en un factor de exclusión: acceder a lácteos, carnes magras, frutas o verduras de calidad se ha transformado en un privilegio de minorías, mientras que la mayoría ajusta su dieta a la supervivencia. Los hallazgos del informe deberían encender una alarma urgente. El Estado argentino define su canasta básica sobre la base de una dieta recomendada (desde hace décadas – muy levemente actualizada) por el propio INDEC, pero la distancia con la dieta real muestra que las políticas de ingresos y de asistencia alimentaria resultan insuficientes», se lee en el informe.

Para el IETSE, la alimentación en Argentina ya no responde a criterios nutricionales, sino a restricciones económicas. El patrón dominante es hipercalórico, pobre en fibra y micronutrientes, y con alto riesgo de enfermedades crónicas. La dieta se convierte en un indicador social: más pan, menos frutas; más azúcar, menos leche.

El estudio concluye que el acceso a una alimentación saludable está condicionado por el poder adquisitivo. En este contexto, el diseño de políticas alimentarias debe contemplar no solo la disponibilidad de productos, sino su asequibilidad y distribución territorial.