Romero: «Las familias comen en función del financiamiento y el fiado encontró su techo»
Germán Romero, del Centro de Almaceneros de Córdoba, analizó el último relevamiento de precios y consumo de la entidad y describió un panorama difícil, tanto para las familias como para los comercios de barrio.
El índice del Centro de Almaceneros, una referencia habitual en la provincia, marcó para septiembre un aumento de precios del 2,1%, por encima del 1,8% de agosto. Con ese dato se quebró la tendencia de desaceleración. La inflación acumulada en lo que va del año llega al 24%, y la interanual se ubica en 32,8%.
Una familia tipo necesitó 2.765.050 pesos mensuales para no ser pobre, mientras que la canasta básica alimentaria, el gasto de una familia para comer, fue de 1.130.236 pesos.
Romero relativizó, sin embargo, el cambio de tendencia. «La gente poco percibe si la inflación es 1,7 o 2,2 o 2,3%», planteó. Lo que preocupa, dijo, es que la inflación «se ha estabilizado en niveles muy altos»: un 33% interanual es «mucho», y más aún cuando el porcentaje mensual casi siempre duplica la recomposición salarial. Para dimensionarlo, comparó: Brasil tiene una inflación de 4,5% anual y la Argentina la acumula en dos meses.
Para el dirigente, el dato más inquietante no es el de precios sino el de ventas. El consumo de alimentos y bebidas en los comercios de proximidad (almacenes, carnicerías, verdulerías, fiambrerías y panaderías) cayó 8,3% interanual. Romero aclaró que eso significa que hay familias que consumen menos, y que la caída no se explica por falta de clientes: incluso hay más gente que antes, porque muchas familias que hacían una compra mensual, quincenal o semanal en grandes superficies ya no reúnen el dinero para hacerla y pasaron a comprar lo diario en el comercio de cercanía. «Sin embargo, lamentablemente se compra menos», resumió.
Agregó que también los supermercados pierden ventas.
El consumo, explicó, está «estable, pero en niveles críticos»: no mejoró, sino que cae sobre caídas previas. Por eso anticipó que en el próximo informe podría verse una mejora estadística, pero no por una recuperación real, sino porque se compararía con un mes que, quizás de manera casual, fue peor.
El referente advirtió que el último bimestre del año suele ser el más inflacionario, aunque ahora «no están dadas las condiciones» para aumentos porque el consumo está deprimido. Según la ley de la oferta y la demanda, recordó, si la demanda cae el precio debería bajar.
Romero cuestionó que el Gobierno siga «haciendo memoria» de los picos inflacionarios de fines de 2023 y principios de 2024, cuando, afirmó, hay que hablar de la realidad actual: «una inflación altísima con salarios muy bajos». Señaló además una contradicción en un gobierno que se define como liberal: no interviene frente al endeudamiento de los hogares, pero sí «pisa las paritarias» y el precio del dólar, lo que contribuye a la pérdida de poder adquisitivo de las familias y de todo el arco productivo, desde la industria hasta el último eslabón de la comercialización.
Consultado por el deterioro social que marcan los últimos datos en Córdoba (suba del desempleo y la pobreza), Romero dijo que los indicadores no solo no mejoran sino que se profundizan. Contó que alrededor del 57% de las familias no alcanza de manera satisfactoria la canasta básica alimentaria, y que desde hace unos meses la entidad mide también la seguridad alimentaria de los hogares.
Ese indicador, dijo, es el más doloroso: en el 28,6% de los hogares con menores, alguno de ellos o todos debieron suprimir una comida diaria o recortar la ración por falta de dinero. Entre los adultos, la cifra asciende al 39%.




