Gustavo Idígoras y el reclamo del poderoso polo aceitero para revertir la parálisis de las plantas de biodiésel
«Es como tener a los mejores jugadores del mundo sentados en el banco de suplentes en el mundial», explica Gustavo Idígoras, presidente de la Cámara de Industrias Aceiteras de la República Argentina (Ciara) y el Centro Exportador de Cereales (CEC), en relación a la parálisis que tienen actualmente las plantas de biosiésel radicadas en el polo productivo de Rosario y que son las más importantes del planeta.
«Tenemos un polo agroindustrial muy grande, uno de los más grandes del mundo, compitiendo con el polo agroindustrial de Nueva Orleans en términos de magnitud. En 35 kilómetros de radio sobre el río Paraná, tenemos una capacidad de molienda, transformación y exportación que es igual al total del territorio norteamericano, para dar una idea de las dimensiones de la potencia que tiene Argentina. El biodiesel es el agregado de valor máximo al que aspiramos, y es nuestro objetivo como industria argentina de agregar valor en origen y no en destino; es decir, tratar de transformar, procesar, en vez de vender el grano», explicó a EntreLíneas el representante de las principales empresas exportadoras del país.
🇦🇷 En el corazón agroindustrial del país, una de las plantas de biodiésel más grandes del mundo está cerrada.
— Cámara de la Industria Aceitera Argentina (CIARA) (@CamaraAceites) May 17, 2026
El motivo: una ley local que impide comercializar biodiésel argentino de alta calidad a precio competitivo.
Argentina necesita importar un gasoil que pueden brindar… pic.twitter.com/BZOCrqsK4S
«Hemos llegado a la etapa de industrialización del aceite y luego pasamos al biodiesel con una enorme inversión de más de 2 mil millones de dólares para alimentar el mercado interno, pero también con la intención de llegar a los mercados más exigentes como son Europa y Estados Unidos. Desde la administración Trump cerraron toda la posibilidad de que haya importaciones de biodiesel, naturalmente por el perfil político que tiene la administración Trump. Y ahora con Europa, que es nuestro mercado, estamos en negociaciones junto con la Cancillería argentina, porque después de la firma del acuerdo UE – Mercosur, 3 días después exactamente, publicaron un informe donde dicen que la soja va a dejar de ser elegible para ser utilizada para biocombustibles en Europa, porque tendría efectos nocivos en la deforestación global. Es bastante llamativo el momento en el cual lo hicieron, evidentemente estaban esperando primero firmar con el Mercosur para después anunciar la mala noticia, porque esto también impacta no solamente a la Argentina, sino a Uruguay, Paraguay y Brasil. La diferencia es que ellos tres venden porotos de soja, y nosotros biodiesel a Europa; es una diferencia sustancial, estamos hablando de 400 dólares contra 1.500 dólares por tonelada y cantidad de empleos», contextualizó Idígoras.

Luego, agregó: «Mientras tanto, mientras sucede este debate con Europa, el mundo entró en convulsión por el aumento sustancial del precio de los combustibles fósiles, particularmente del gasoil: aumento del 50% en gran parte del mundo, más del 35% en Argentina, y es ahí donde volvimos a la carga, porque tenemos las plantas paralizadas frente al escenario internacional. Pero también la prohibición de abastecer el mercado interno por la ley del 2021, que lo único que buscaba era proteger el precio del barril criollo, que en ese momento estaba intervenido. Las petroleras se quejaban de que no querían comprar biocombustibles, entonces las empresas eficientes que exportan no pudieron vender al mercado interno, porque claramente iban en contra de ese objetivo. Bueno, esa ley no tiene razón de ser en este contexto internacional en el cual el precio de los combustibles se ha disparado y el escenario de que bajen es muy difícil. Y además eso genera una inflación, un costo enorme económico, porque el gasoil es el principal combustible de transporte y de uso en muchísimos lugares del país. Pensemos en la producción agropecuaria, el arroz, el trigo, el maíz, etcétera, se nutren y necesitan del gasoil, y por eso que estamos insistiendo en tener una nueva ley y reactivar estas empresas que yo comparaba con la selección argentina de fútbol, porque son las empresas más grandes del mundo y es como tenerlas a todas sentadas en el banco mientras se juega el partido», dijo Idígoras, volviendo sobre la comparación futbolera.
¿Se puede revertir este cuadro, esta situación rápidamente?
Es viable revertir porque estamos frente a un escenario de posibilidad de pasar rápidamente de la transformación de aceite de soja, que es lo que tenemos en actividad, a reabrir las fábricas de biodiesel. Para eso se necesita una nueva ley. El Poder Ejecutivo remitió al Senado un proyecto de ley y en ese proyecto de ley firmado por la senadora Patricia Bullrich y por todo el oficialismo, se promueve justamente una nueva ley de biocombustibles para permitir a todas las empresas participar del mercado de manera creciente y bajar los precios naturalmente para el mercado interno. El tema, que estamos en discusión ahora, es que ese proyecto solo llega al 10% del corte obligatorio. Para explicar básicamente esto, hoy Argentina tiene el 7,5% de corte, y por lo cual únicamente incrementaría 2,5% mientras el mundo está por arriba del 15%. Brasil, Indonesia, Malasia, Europa, Estados Unidos, superan ese corte por una simple razón: el biodiesel es un material renovable, altamente eficiente ambientalmente y más barato que el gasoil. Hoy Argentina está importando 700 millones de dólares de gasoil por año cuando podría tener perfectamente la posibilidad, a través de la soja que producimos en todas nuestras provincias, transformarla, industrializarla y venderla como energía para gasoil. Este es el debate que se va a empezar a darse en los próximos días en el Senado.
Estamos hablando, para aquellos que nos siguen estos temas, de la famosa Ley Cleri, ¿no?
Efectivamente, estamos hablando de la Ley Cleri de un diputado de Santa Fe, que la verdad que es inaudito lo que sucedió, porque el 90% de las fábricas instaladas de biodiesel en la Argentina están en Santa Fe. Y él escribió una ley anti-biodiesel. La verdad que es llamativo, pero bueno, supongo que es parte de la lealtad política que tenía ese diputado en su momento frente al Gobierno y a los petroleros para ayudarlos a no tener biocombustibles.
Por otro lado, el combustible fósil que se produce en la Argentina no alcanza para abastecer el mercado interno, por lo cual el aporte de los biocombustibles también apunta a la balanza comercial, ¿no?
Claro! Da la impresión muchas veces que Vaca Muerta ha llegado a solucionar el problema de todos, pero todavía no lo soluciona y van a faltar varios años más. Porque una cosa es extraer petróleo y otra cosa es tener refinerías con suficiente cantidad, volumen, distribución geográfica para abastecer todo el país. Es decir, hoy tiene un cuello botella en refinerías, tiene un cuello botella en producción de gasoil, por lo tanto el consumo de gasoil supera la producción local, entonces eso implica la importación. En años en el cual la economía argentina está activa, estamos hablando de 1.500 millones de dólares de importación de gasoil. Este año se prevén 700 millones de dólares porque justamente faltan refinerías. Por eso creemos oportuna una nueva ley que amplíe la participación de los biocombustibles porque es una situación ganar-ganar. El gobierno gana, la economía gana, los productores ganan. Un productor de soja hoy en Brasil está ganando un mejor precio que en Argentina porque en Brasil hay una política de biocombustible, con lo cual la industria paga mejor. Entonces al necesitar todo el año soja, paga mejor. Esa es la razón por la cual estamos promoviendo con bastante fuerza que se adopte una nueva ley.
Gustavo, ¿enfocado únicamente en el diésel o también estamos hablando de naftas?
Bien, una buena aclaración. Tenemos dos opciones de biocombustibles. La primera sobre las naftas se puede mezclar con biotanol de maíz o de caña de azúcar. En el caso del maíz, las plantas de biotanol están radicadas mayormente en Córdoba, naturalmente porque es la capital maicera de la Argentina. Y las plantas de biotanol de caña están en Tucumán, naturalmente porque ahí está la producción de caña. Ese es el corte que va a nafta. El corte que va a diésel o a gasoil es el biodiésel de soja, cuya gran mayoría de empresas están radicadas en la provincia de Santa Fe. Hay alguna empresa en Entre Ríos, hay una empresa en San Luis y otra en La Pampa. Esa es la distribución geográfica aproximadamente que tenemos.
Con esta situación de parálisis que están atravesando las plantas productoras de biodiésel, ¿les da para duplicar y llevar a 15% el corte?
Buen punto, porque nuestra capacidad instalada da para abastecer hasta un corte del 50% de biodiésel. Porque por eso tenemos las plantas más grandes del mundo, porque diseñamos plantas pensando en el mercado interno, pero también pensando en la exportación. Frente al escenario de proteccionismo mundial que está promoviendo Trump, ¿qué planteamos nosotros? Vayamos a abastecer el mercado interno. El mercado interno necesita indefectiblemente el biodiésel producido en Argentina y tenemos entonces capacidad instalada de sobra. Pensemos que el mercado interno absorbe 800.000 toneladas al 7,5%, si fuera el 15 absorbería un millón y medio de toneladas de soja. Nosotros tenemos la capacidad instalada de 3,5 millones de toneladas. Por lo tanto, podríamos perfectamente seguir incrementando. Pero vamos al 15 porque nos parece que es un buen nivel que va a activar la industria, pero además va a mejorar toda la ecuación. Vamos a eliminar la importación de gasoil y vamos a llegar con un producto sostenible de lo ambiental, pero económicamente también viable.
Gustavo, y más allá de este punto específico, ¿cómo están viendo desde la cámara la política en general del gobierno para el sector?
Bueno, el gobierno en estos dos años y medio ha trabajado fuertemente en eliminar barreras a las exportaciones. Recordemos que veníamos con restricciones a la exportación, volúmenes y cupos de exportación. Veníamos con algunos fideicomisos del mercado interno con precios cuidados. Todo eso quedó eliminado, lo cual fue muy importante para permitir trabajar. Segundo es la estabilidad del tipo de cambio. En el agro, en el comercio de cereales y oleaginosas, el tipo de cambio es una variable muy importante. La movilidad o inestabilidad del tipo de cambio inmoviliza o congela el comercio de granos porque el productor lo que tiene, es decir, cuando tiene su cosecha en un silobolsa, es una caja de ahorros en dólares. La inestabilidad de la paridad llevaba siempre a congelamientos del flujo de venta. Hoy tenemos un tipo de cambio sumamente estable, podemos discutir si está alto o bajo, pero es estable, eso es muy importante. Segundo, una inflación relativamente controlada, en Argentina también es otro elemento, y hay algunos variables que se mueven. La variable que más se movió fue el gasoil, y la segunda, la urea. Las dos se movieron por el conflicto del Golfo Pérsico. Para poder sembrar hay que fertilizar, y la fertilización argentina necesita el 50% de importaciones del exterior y aumentando sensiblemente. Bueno, eso no lo podemos sustituir por ahora. A futuro hay algunos proyectos de Profertil, algunas fábricas en Bahía Blanca, cuando llegue la línea de conexión del gasoducto para poder transformar, pues básicamente la urea es una transformación con gas. Pero al gasoil sí lo podemos sustituir justamente con el biodiesel, que es uno de los dos costos que han aumentado. Esa diría que es la situación hoy, hay un buen volumen de producción. Empezamos con una producción muy buena, récord de trigo, con 28 millones de toneladas, cuando históricamente estábamos en 20 millones, y un flujo de venta muy importante. Hemos logrado entrar a China con trigo argentino por primera vez en la historia, estamos cargando los primeros barcos de maíz a China, también por primera vez en la historia, el maíz está teniendo un año muy bueno en materia de producción con 68 millones de toneladas, lo cual es bueno para todos, no solamente para nosotros que exportamos, sino para la industria agrícola, por ejemplo, porque accede a maíz sin inconveniente, la industria porcina y otras. Y después viene la soja con una buena producción, 48 millones de toneladas, históricamente estuvimos en 50, así que tenemos un buen año de volumen, no están ayudando tanto los precios pero entendemos que se mantendrían relativamente estables.
¿Cómo ve el proceso licitatorios de la Hidrovía que con dos grupos en carrera ingresa en la etapa de definiciones?
Lo estamos viendo muy de cerca, trabajando muy de cerca, nosotros conformamos el Consejo Nacional de Seguimiento de la Hidrovía. En estas semanas ya hemos tenido varias reuniones con el Gobierno, que está terminando de analizar lo que sería el sobre 3, que es la oferta económica de ambas empresas. En los próximos días anunciarían el ganador y a partir de ahí iniciarían el proceso de adjudicación formal, lo cual para nosotros es altamente satisfactorio. Hace 15 años que tenemos estancamiento logístico. Nuestra vía navegadora troncal está diseñada en la década del ‘90, con barcos de la década del ’90. Desde el ‘95 que fue diseñada hasta el 2026, cambió todo el mundo y nosotros no, sobre todo el calado, que es un tema muy importante. Y atrás de esto tiene que venir una modificación de la idea de cabotaje, porque provincias como Entre Ríos, por ejemplo, podrían activar muchos puertos y tener un cabotaje fluvial hacia puertos marítimos de una manera mucho más eficiente y competitiva y sacar toda su producción de esa manera, lo mismo le pasa a Misiones, a Corrientes, a Formosa. Hay que reconvertir. El gran tema es la hidrovía, si logramos esta concesión de 25 años, van a florecer muchísimas inversiones en nuestra vía navegadora.





